Por Alejandra Carmona López/Bocado 

Dionisia Cerda tiene 56 años y ya se acostumbró a levantarse temprano los jueves. Ese día despierta a las las siete de la mañana para echar a andar la lavadora. La máquina sólo lava, no enjuaga, por eso el proceso de limpieza la mantiene concentrada hasta la una de la tarde: quita el detergente a mano, prenda por prenda. No importan los cinco grados que promedia una mañana de otoño. En una casa de cuatro habitantes -pareja y dos hijos-, Dionisia no descansa aunque el frío le entuma los huesos de sus manos.